¿Qué son las fobias?
Una fobia ocurre cuando una persona experimenta un miedo debilitante ante una situación, objeto, sentimiento, lugar o animal. Las fobias son un tipo de trastorno de ansiedad que puede impactar negativamente la vida, las relaciones, la carrera y la salud de una persona.
Cuando alguien que lucha contra una fobia se enfrenta a esa experiencia que le provoca temor, se desencadenan niveles elevados de estrés y ansiedad. El individuo siente un terror extremo a morir y su cuerpo responde en consecuencia, liberando grandes volúmenes de hormonas de ‘lucha o huida’. Ese miedo al peligro puede ser interno (por ejemplo, si alguien teme a los acantilados por tener pensamientos intrusivos sobre saltar al vacío) o externo (como el terror a que un avión se estrelle).
Una fobia es una variante del trastorno de ansiedad donde la angustia se ‘localiza’ en una experiencia u objeto específico, lo que aporta un nivel paradójico de consuelo: para nuestro cerebro subconsciente, saber exactamente dónde reside el peligro es preferible a una ansiedad flotante y sin origen claro. Aunque son indudablemente desafiantes y complejas, las fobias son altamente tratables. Con la atención y el apoyo adecuados, cualquier persona puede superar una fobia (incluso usted).
Los ejemplos comunes incluyen el miedo a los aviones, tormentas eléctricas, alturas, sangre, perros, insectos, tiburones, vómitos y payasos. Por lo general, se localizan en un solo objeto o experiencia.
Suelen ser más angustiantes que las fobias simples y generalmente se desarrollan durante la edad adulta. Son causadas por una ansiedad profundamente arraigada sobre una situación o experiencia particular. Los dos tipos principales son las fobias sociales (ansiedad social) y la agorafobia, que es el miedo a situaciones de las que sería difícil escapar, como ascensores, espacios abiertos, espacios reducidos, transporte público o áreas concurridas. La claustrofobia, el miedo a quedar atrapado en un espacio cerrado, también es una fobia compleja.
Las fobias no tienen una causa única, sino que son el resultado de numerosos factores interrelacionados. Estos pueden incluir la vulnerabilidad genética, comportamientos aprendidos de un padre o cuidador y experiencias traumáticas. Por ejemplo, si un niño pierde a uno de sus padres a una edad temprana y no puede procesar el duelo, puede desarrollar una fobia como un mecanismo de defensa inconsciente ante ese evento traumático. El niño puede evitar el objeto de su fobia, pero no su dolor.


